Aprendizaje activo: neurociencia y marcos prácticos para su campus

Con una entrevista exclusiva en la Fundación Universitaria del Área Andina

Las ciencias cognitivas surgieron a mediados de la década de 1950 y se dedican a comprender la manera en la que el cerebro humano adquiere, utiliza y transmite conocimientos. Este campo, en el cruce entre la neurociencia y la educación, ha transformado profundamente la forma en que entendemos la enseñanza.

Stanislas Dehaene, profesor en el Collège de France, es uno de los representantes más destacados de esta disciplina. Como psicólogo cognitivista y neurocientífico, ha puesto especialmente el acento en los principales factores que favorecen el éxito de un aprendizaje: la atención, el compromiso activo, la retroalimentación ante el error y la consolidación.

Estos cuatro elementos fundamentales constituyen lo que él mismo llama los "cuatro pilares del aprendizaje".

Lo más importante:

  • Los 4 pilares del aprendizaje, formulados por Stanislas Dehaene, describen las condiciones de un aprendizaje eficaz y duradero.
  • Atención, compromiso activo, retroalimentación ante el error y consolidación: los cuatro factores se complementan entre sí, ninguno basta por sí solo.
  • Las aplicaciones prácticas son numerosas: captar la atención, implicar activamente al alumnado, dar una retroalimentación rápida y consolidar mediante la práctica espaciada.
  • Estos cuatro pilares se aplican tanto a la docencia como a la formación profesional, incluso en grupos numerosos y en contextos híbridos. Wooclap te ayuda a ponerlos en práctica.

🔎 ¿Cuáles son los 4 pilares del aprendizaje y cómo aplicarlos? Ya seas docente o formador, esta guía te da todas las claves para ponerlos en práctica de forma concreta. 🎓

El primer pilar: la atención

Imposible aprender si no se presta atención a lo que debe aprenderse: esta es, según Stanislas Dehaene, la primera condición de un aprendizaje exitoso.

En concreto, esto significa, ante todo, que el docente debe captar la atención de los alumnos, por ejemplo interpelándolos o modulando el tono de su voz, algo que sabe cualquiera que hable en público. Pero eso no es todo: se trata también de explicar claramente a los alumnos a qué deben prestar atención, jerarquizando la información o repitiendo la más importante.

En efecto, la atención es selectiva: funciona como un filtro que retiene cierta información mientras deja pasar otra.

Para comprobarlo, basta con ver este vídeo, que pone a prueba nuestra capacidad de atención pidiéndonos contar el número de pases que se hacen unos jugadores de baloncesto, o intentar averiguar quién es el culpable de un crimen al estilo Cluedo.

👉 En la práctica. Anuncia el objetivo de la sesión, señala explícitamente los puntos esenciales, varía los estímulos para reactivar la atención y evita la sobrecarga de información. Una encuesta en vivo o una pregunta de apertura ayudan a captar la atención desde los primeros minutos.

El segundo pilar: el compromiso activo

Para retener nuevos conocimientos, escuchar pasivamente al profesor no basta: es mejor hacerse preguntas, formular hipótesis y, si es posible, realizar experimentos para intentar comprender de verdad de qué se está hablando.

En efecto, explica Stanislas Dehaene, nada sustituye ese esfuerzo intelectual para anclar un conocimiento en nuestro cerebro y nuestra memoria. En este sentido, el aprendizaje activo resulta especialmente eficaz, a diferencia, por ejemplo, del mito de los "estilos de aprendizaje" (visual, auditivo, cinestésico),o de la teoría de las inteligencias múltiples de Gardner, dos ideas muy extendidas pero desmentidas por la investigación cerebral.

👉 En la práctica. Implica activamente al alumnado en lugar de dejar que solo escuche: preguntas, predicciones y, sobre todo, recuerdo activo (active recall), es decir, recordar el contenido de memoria antes de volver a repasarlo. Un cuestionario durante la sesión, una votación o una lluvia de ideas transforman a un público pasivo en participantes activos. Descubre también otras técnicas de enseñanza que se apoyan en estos mismos principios.

El tercer pilar: la retroalimentación ante el error

¿Quién dijo que no había que equivocarse? ¡Desde luego que no fue Stanislas Dehaene! El neurocientífico indica, al contrario, que el error puede ser beneficioso, si se comprende por qué se ha cometido.

De ahí la importancia de recibir una retroalimentación (o feedback, como se dice a menudo en inglés): permite superar el error y corregirlo, siempre que uno se sienta seguro y animado, y no criticado o ridiculizado.

Aunque la observación no es del todo nueva, el neurocientífico pone en evidencia el proceso que tiene lugar en el cerebro y que funciona de forma iterativa: establecemos una predicción, el error revela una discrepancia entre esa predicción y la realidad, lo que nos lleva a corregirnos y a formular una nueva predicción.

Son estos ajustes sucesivos los que favorecen el aprendizaje.

👇 Aquí tienes un método eficaz para generar retroalimentación:

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👉 En la práctica. Prioriza la retroalimentación inmediata, que explique por qué la respuesta era incorrecta, en un contexto donde el error se desdramatiza. La evaluación formativa con corrección instantánea es ideal: el alumno corrige de inmediato su predicción, sin tener que esperar a una evaluación sumativa.

El cuarto pilar: la consolidación

Memorizar nuevos conocimientos o adquirir nuevas competencias es solo el primer paso: para que el aprendizaje sea duradero, debe consolidarse, lo que permite una actividad automática, casi inconsciente.

Ya se trate de aprender a contar, a leer con fluidez o a conducir un coche, el cerebro debe repetir muchísimas veces los mecanismos que rigen ese aprendizaje, hasta que este quede verdaderamente dominado. Stanislas Dehaene recuerda además que el sueño desempeña un papel esencial en este proceso.

Poco a poco, el esfuerzo disminuye y se transforma en rutina, lo que libera espacio en el cerebro para aprender o hacer cosas nuevas.

👉 En la práctica. Distribuye las repeticiones en lugar de repasarlo todo en una sola sesión (repetición espaciada), vuelve a los conceptos clave a intervalos crecientes y apóyate en breves recuerdos regulares (cuestionarios de repaso, microaprendizaje) para automatizar progresivamente los conocimientos adquiridos.

Para saber más:

Encuentra aquí los cursos impartidos por Stanislas Dehaene en el Collège de France, en particular sus intervenciones sobre los fundamentos del aprendizaje. Consulta también el libro de Stanislas Dehaene: Apprendre ! Les talents du cerveau, le défi des machines (Odile Jacob, septiembre de 2018).

Preguntas frecuentes

¿Cuáles son los 4 pilares del aprendizaje según Stanislas Dehaene?
Son la atención, el compromiso activo, la retroalimentación ante el error y la consolidación. Juntos, describen las condiciones que hacen que un aprendizaje sea eficaz y duradero.

¿Quién es Stanislas Dehaene?
Stanislas Dehaene es psicólogo cognitivista y neurocientífico, profesor en el Collège de France. Sus estudios sobre la lectura, el cálculo y los mecanismos cerebrales del aprendizaje son una referencia en las ciencias cognitivas.

¿Por qué es importante el error en el aprendizaje?
Porque el cerebro aprende mediante ajustes sucesivos: formula una predicción, detecta una discrepancia con la realidad (el error) y luego se corrige. Con una retroalimentación benévola, el error se convierte en un motor de progreso, no en un fracaso.

¿Cuál es el pilar más importante?
La atención suele describirse como la "puerta de entrada" del aprendizaje, pero los cuatro pilares son complementarios: ninguno basta por sí solo. Es su combinación lo que hace que el aprendizaje sea eficaz.

¿Cómo aplicar los 4 pilares en el aula o en la formación?
Captando la atención desde el principio, implicando activamente al alumnado (preguntas, votaciones, recuerdo activo), dando una retroalimentación rápida sobre los errores y consolidando con repeticiones espaciadas a lo largo del tiempo.