Aprendizaje activo: neurociencia y marcos prácticos para su campus

Con una entrevista exclusiva en la Fundación Universitaria del Área Andina

Empoderar a los educadores e involucrar a los estudiantes en Fundación Universitaria del Área Andina Entrevista con Martha Castellanos, Vicerrectora Académica en Fundación Universitaria del Área Andina en Colombia, en la que se detalla el cambio cultural y estructural hacia el aprendizaje activo a escala.

Para Martha Patricia Castellanos Saavedra, el aprendizaje activo es más que una metodología: es un puente hacia la inclusión y el éxito académico. Al integrar herramientas digitales directamente en el entorno formativo, la institución permite que una población estudiantil sumamente diversa, desde jóvenes de 17 años hasta estudiantes de 80, tome la iniciativa en su propio proceso de aprendizaje.

Cuando escucha el término "aprendizaje activo", ¿cómo se traduce esto en la realidad diaria de Área Andina?

Martha Patricia Castellanos Saavedra: Básicamente, es cuando el estudiante le cuenta al docente cómo está entendiendo un nuevo concepto o teoría que debe incorporar en su proceso. Por ejemplo, en una materia como Principios de Economía, no se trata solo de leer el libro o escuchar la explicación magistral. El aprendizaje activo ocurre cuando el estudiante es capaz de "desmenuzar" esos principios en ejemplos, creaciones e interacciones que nos permiten entender si logró una aproximación adecuada al concepto. Pasamos de la teoría a la práctica para que el conocimiento se relacione con el entorno y el día a día.

¿Podría compartir algún proyecto específico en el que se hayan rediseñado los métodos de enseñanza para aumentar la participación?

M.C.: Tenemos casos muy potentes en distintas áreas. En Economía, si un docente de Econometría quiere demostrar la relación entre variables, utiliza herramientas tecnológicas para mostrarlo en tiempo real con bases de datos vivas, haciendo que el paso a paso sea mucho más didáctico y entretenido que con métodos tradicionales.

Otro ejemplo destacado es nuestro laboratorio de bolsa. Los estudiantes se conectan en tiempo real con las bolsas de valores de Bogotá, Nueva York, Londres o Tokio. A través de simuladores y tableros con indicadores como el Dow Jones o Nasdaq, el estudiante vive la toma de decisiones en una situación real, lo que permite que la tecnología acerque situaciones que de otro modo serían muy hipotéticas o costosas de acceder.

¿Cómo motivan a los docentes para que adopten estos métodos activos sin que sientan que es una carga adicional?

M.C.: Lo primero es generarles confianza. El docente ya tiene que adherirse a currículos y recibe muchas preguntas de los alumnos; si le entregamos la tecnología como una complicación, no la usará.

Nuestra clave ha sido entregar la herramienta "en las manos" de su espacio formativo. Al integrar soluciones como Wooclap dentro de plataformas que ya usamos, como Google o Canvas, el docente no tiene que salirse de su entorno. Cuando ven que esto les ahorra tiempo y que sus clases cambian significativamente, se convierten en promotores naturales de la herramienta.

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Este es un extracto del ebook Active Learning, que puedes descargar de forma gratuita y en su versión completa aquí para consultar el contenido íntegro.

El estudiante es capaz de poder desmenuzar los conceptos en ejemplos, en creaciones, en distintas interacciones, lo que nos permite a nosotros como docentes entender si pudo generar una aproximación adecuada al aprendizaje del concepto y cómo lo está incorporando en el día a día de su desarrollo formativo

Martha Castellanos, Vicerrectora Académica en Fundación Universitaria del Área Andina

En las clases magistrales tradicionales suele haber un "punto ciego" sobre la comprensión de los alumnos. ¿Cómo detectan sus docentes los malentendidos en tiempo real?

M.C.: Ajustamos nuestro acuerdo de evaluación para que no sea un evento punitivo al final del semestre, sino un proceso constante. El aprendizaje se revisa mediante "tomas" de información mucho más seguidas.

Usamos la tecnología para que el estudiante responda talleres, cree nubes de palabras, desarrolle ecuaciones o mapas de pensamiento en clase. Esto genera una retroalimentación inmediata. Si un estudiante tiene una interpretación errónea sobre una teoría económica, el docente lo detecta por su participación o por sus respuestas en la herramienta y puede reorientarlo en ese mismo instante, evitando así que el error se arrastre hasta el examen final.

Mirando hacia el futuro, ¿cómo ve la evolución de la tecnología para fomentar la curiosidad genuina en lugar de solo digitalizar viejos hábitos?

M.C.: El primero que debe sorprenderse con las posibilidades es el docente. Él debe jugar e interactuar con la tecnología para encontrar cómo explicar un concepto complejo o abstracto de forma mucho más clara.

Sin embargo, para nosotros la innovación debe tener un propósito: el desempeño académico. No basta con que la clase sea más motivadora o entretenida; la metacognición y el interés deben llevar al estudiante a aprender mejor. Nuestro desafío es seguir usando estas herramientas para cerrar brechas, especialmente con estudiantes en zonas rurales o con perfiles no tradicionales, para cerciorarnos que la tecnología sea siempre un puente hacia un aprendizaje de altísimo valor.

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