5 mitos sobre la formación
25.08.2026 • 3 minutos

Este artículo resalta 5 neuromitos importantes en el ámbito de la formación y el aprendizaje, cuestionando las ideas preconcebidas con la ayuda de pruebas científicas.
Este artículo se basa en el libro escrito por Pedro De Bruyckere, Paul A. Kirschner y Casper Hulshof, Urban Myths about Learning and Education (2015) y More Urban Myths About Learning and Education (2019).
1. Las personas no tienen estilos de aprendizaje específicos ni corresponden a un tipo de personalidad predefinido
Decir que las personas tienen una estrategia de aprendizaje preferida es una observación banal y no tiene un impacto revolucionario. Sin embargo:
- Lo que preferimos no es necesariamente bueno para nosotros. Nunca se ha observado ninguna ventaja pedagógica de una técnica de aprendizaje particular en personas que declararon que era su primera opción. Los métodos pedagógicos elegidos de manera autónoma pueden incluso ser improductivos.
- La mayoría de los llamados estilos de aprendizaje corresponde a una o varias teorías de tipos de personalidad. A pesar del enorme (y lucrativo) éxito de esta idea en el sector privado, la afirmación de que las personas se agrupan en categorías distintas no ha sido suficientemente demostrada.
Esto no significa que algunas personas no aprendan con mayor facilidad una lista de palabras escritas, por ejemplo. Pero nadie tiene dificultades para aprender palabras escritas, salvo por patologías.

¿Significa esto que todos los estudiantes son iguales y deben ser tratados de la misma manera?
Una vez más, no: lo que dice la investigación es simplemente que los estilos de aprendizaje no son una teoría de la formación y deberían ser ignorados con este propósito.
2. Nuestra memoria no conserva una huella perfecta de nuestras experiencias
Recordar lo que el formador dijo o lo aprendido en el pasado es un elemento esencial de la educación. La memoria es un mecanismo complejo.
Según la mayoría de las teorías cognitivas, la memoria se divide en:
- Memoria sensorial: cuando los estímulos externos alcanzan uno de nuestros sentidos. La información ya está fuertemente filtrada en esta etapa, cuando ignoramos deliberada o inconscientemente los estímulos entrantes.
- Memoria a corto plazo o memoria de trabajo: es muy limitada en tiempo y capacidad (30 segundos para aproximadamente siete elementos). Ayuda a organizar y comparar la información.
- La memoria a largo plazo ayuda a dar sentido al conocimiento. Tiene una capacidad de almacenamiento probablemente ilimitada y conserva de manera permanente lo que realmente aprendemos.

Los adultos que afirman tener una “memoria fotográfica” habiendo sido rigurosamente evaluados es un tema controvertido. En general, la memoria humana está llena de defectos:
- Nuestras mentes no son recipientes vacíos que esperan ser llenados con conocimientos proporcionados por expertos. La memoria reconstruye la información según lo que encaja con nuestros esquemas.
- La percepción está distorsionada por nuestros prejuicios. Nuestro conocimiento determina nuestra experiencia, y no al revés.
La memoria es personal y cambia con el tiempo. Somos lo que olvidamos.
3. Los estudiantes no están en estado de “muerte cerebral” durante las formaciones pasivas
Una de las leyendas urbanas difundidas incluso por formadores y profesores reconocidos es que la actividad cerebral de los estudiantes durante las formaciones magistrales es la misma que cuando miran la televisión: simplemente muerta. Resulta que el estudio citado no mide la actividad cerebral, sino la actividad electrodérmica (es decir, la actividad eléctrica registrada en la superficie de la piel). Peor aún, esta medición se realizó en una sola persona, invalidando cualquier conclusión significativa sobre una población general.
Dicho esto, las formaciones magistrales desempeñan un papel clave en el aprendizaje y a veces son muy eficaces. Pero la mayoría de las veces, hacen que la atención de la audiencia se disperse. Los estudiantes con menos conocimientos previos y que tienen menos puntos de referencia (es decir, aquellos que más necesitan los beneficios de la formación) son, lamentablemente, las primeras víctimas de este efecto. Mantener el interés y la atracción de los estudiantes es quizás el mayor desafío para un docente.
Los cuestionarios durante las formaciones son conocidos por aumentar la eficacia de estas, ya que recurren a mecanismos bien conocidos como el efecto de prueba y la práctica de recuperación. Los cuestionarios también permiten reducir en un 50 % la brecha de rendimiento entre estudiantes de distintos contextos socioeconómicos.
4. Más tiempo de formación no conduce automáticamente a más aprendizaje
A veces, ideas simplistas se aplican a la formación y se convierten en recomendaciones oficiales. Los responsables pueden basar sus decisiones en indicadores que no permiten identificar la causalidad.
En este caso, existen sin duda correlaciones entre el aprendizaje y las horas dedicadas a la formación, pero no se conoce ningún otro vínculo.
Además de que lo que ocurre durante las horas adicionales forma parte de la ecuación, aumentar el tiempo de formación no beneficia a todos de la misma manera. Los estudiantes con mayor capital social se benefician de su bagaje adicional y de estímulos en su vida personal. La única manera de compensar esta brecha parece ser asignar recursos adicionales a los estudiantes que específicamente lo necesitan.

Además, subrayamos una vez más que el tiempo pasado fuera de la sesión de formación es beneficioso para el proceso de aprendizaje. En efecto,
- las pausas regulares durante la formación,
- la práctica y la repetición espaciadas,
- la actividad física durante el tiempo libre,
- un sueño suficiente,
todos conducen a un mejor aprendizaje.
5. Los formadores marcan la diferencia, pero no son el único factor.
Es particularmente difícil estudiar los factores que contribuyen o no al aprendizaje, porque todos los factores se influyen mutuamente de maneras muy diversas. Pero afirmar que el formador tiene el mayor impacto en los estudiantes (siendo el 30 % incluso una sobreestimación) es sin duda un mito.
Hay, en efecto, demasiadas cosas que escapan al control de un docente:
- las políticas del Estado, el patrimonio genético de los estudiantes, su situación personal.
Sin embargo, esto no justifica que los formadores pierdan la esperanza o dejen de hacer lo mejor posible. Su impacto es ciertamente positivo.
Los formadores expertos marcan la diferencia cuando son capaces de:
- Fijar objetivos apropiados para motivar a los estudiantes,
- Tener un conocimiento profundo de su campo y de cómo aprenden las personas, proporcionando una formación bien organizada y estableciendo vínculos con otras disciplinas o con los conocimientos previos de los estudiantes.
- Supervisar a los estudiantes más exigentes y proporcionar retroalimentación adecuada.

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Diez mitos sobre la educación
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