Aprendizaje activo en la universidad: lo que revela la experiencia de UC Chile
14.08.2026 • 5 minutos

Los estudiantes de hoy quieren todo rápido: cargar como YouTube, hacer scroll y saltar de un contenido a otro. Es lo que en la Pontificia Universidad Católica de Chile llaman "el fenómeno de la inmediatez", y es también el punto de partida para entender por qué el aprendizaje activo se ha vuelto una prioridad institucional.
Lo cuenta Alexis Alvear Leyton, Director Ejecutivo de la Vicerrectoría de Inteligencia Digital de la UC, en una entrevista sobre cómo la institución integra herramientas digitales —Canvas, inteligencia artificial y Wooclap— en la actividad docente diaria.
Un cambio generacional que obliga a repensar la clase
Para Alvear, "estamos viviendo un cambio cultural y un cambio generacional bien importante con nuestros estudiantes". La introducción de las redes sociales y los dispositivos móviles "ha generado en la comunidad y en los jóvenes maneras muy distintas de aprender y maneras también muy distintas de relacionarse entre ellos". El desafío para la universidad, explica, es "introducir herramientas tecnológicas que contribuyan con el aprendizaje activo, que motiven a los estudiantes a estar en una sala de clases no solamente por el contenido que le van a pasar, sino que además la experiencia educativa sea transformacional para ellos".
Ese desafío se despliega en tres frentes: capacitar a los académicos en herramientas nuevas ("la tecnología avanza muy rápido... todos los años aparecen cosas nuevas"), monitorear permanentemente lo que ofrece el mercado para adoptarlo "de forma temprana", y —quizás lo más difícil— rediseñar la actividad docente misma, "que las clases dejen de ser la clase teórica, el profesor al frente con una pizarra", para dar paso a sesiones donde los estudiantes "participen" y "expresen también sus opiniones".
Canvas como columna vertebral, Wooclap como pieza integrada
Aquí aparece uno de los puntos más concretos de la conversación: la infraestructura tecnológica de la docencia en la UC no se construye herramienta por herramienta, sino alrededor de un sistema central. "Nuestra columna vertebral en la gestión de la docencia, en el hacer docencia, es el sistema Canvas, que es nuestro LMS, que incorpora hartas herramientas que le permiten al docente ir monitoreando de forma paulatina y gradual de qué manera están recibiendo los alumnos el aprendizaje", explica. Y añade: "esta herramienta permite incrustar, por ejemplo, Wooclap".
Esa integración con Canvas no es un detalle técnico menor: es lo que permite que la interactividad en clase —las preguntas, las votaciones, los ejercicios en vivo— quede conectada al mismo entorno donde el profesor organiza el curso, revisa contenidos y da seguimiento a sus estudiantes, en lugar de vivir en una plataforma aparte y desconectada del resto del semestre.

IA en la docencia: apertura, pero con marco ético
Más allá de la interactividad en el aula, la UC también explora la inteligencia artificial como apoyo complementario al aprendizaje, algo que el entrevistado ve como inevitable: "hoy día ni siquiera uno se puede preguntar si hay que hacerlo o no. Los estudiantes ya lo usan... por lo tanto estaríamos perdiendo tiempo si nos cuestionamos". Esa apertura viene acompañada de cautela: la universidad ha publicado políticas propias que "establecen un poco el marco de uso de la inteligencia artificial", precisamente para atender riesgos como el sesgo en la información o los problemas de integridad académica.
Usar los datos de cada sesión para ajustar la enseñanza
Uno de los cambios más significativos frente al modelo tradicional —una evaluación al inicio del semestre y otra al final— es la posibilidad de monitorear la comprensión de manera continua. Gracias a las herramientas disponibles en Canvas y a soluciones como Wooclap, el profesor "sabe inmediatamente cómo les fue, qué herramientas son las más adecuadas" y "planifica un poco sus clases en función de los resultados obtenidos". Esa retroalimentación no viene solo del docente: los ayudantes de cátedra, por ser pares de los estudiantes, "tienen una retroalimentación y una sensibilidad mucho más cercana a lo que los estudiantes perciben".
El resultado, según explica, es un ciclo de mejora continua: "todas esas herramientas nos ayudan a ir perfeccionando las clases, a ir adaptando los contenidos... e ir introduciendo mejoras que en definitiva vayan en la línea de incentivar el aprendizaje de los alumnos". Es, en esencia, tomar decisiones de enseñanza a partir de datos de sesión reales, y no solo de la intuición o de una nota final.
De la asistencia a la autonomía: por qué los estudiantes vuelven al aula
Con tanta información disponible en línea, la pregunta que se hacen los propios estudiantes es directa: "¿para qué voy a la clase si puedo ver el video en YouTube?". La respuesta de la universidad pasa por dar valor agregado a la sesión presencial: "voy a clase porque tienen herramientas entretenidas, porque la metodología es distinta, porque el profesor o la profesora me hace participar, porque mi opinión vale". Y esto tiene un efecto medible: "si las herramientas tecnológicas nos ayudan a eso y finalmente motiva la asistencia del estudiante, es para nosotros un elemento muy valioso".
Esa autonomía creciente de los estudiantes —que "construyen sus propios agentes que les ayuden a aprender ciertos contenidos" o "buscan en YouTube videos que les enseñen cosas"— es también una invitación a la metacognición: reconocer qué se sabe, qué falta por aprender y qué herramientas usar para lograrlo. Como resume el entrevistado, el desafío es que la tecnología siga siendo "algo que realmente invita a la curiosidad, la exploración", tanto para el docente como para el estudiante.
Una herramienta transversal, de Matemáticas a Letras
Parte del valor que la universidad le reconoce a Wooclap es justamente su transversalidad. "Lo puede utilizar un profesor de matemáticas, lo puede usar un profesor de la Facultad de Letras... se puede enseñar y utilizar en una facultad como Medicina, que tiene probablemente una metodología de enseñanza-aprendizaje completamente distinta". Antes de llegar a esa escala, cada herramienta pasa por un proceso de validación interno: se pilotea "con cursos más pequeños, con profesores más específicos", y solo después se despliega "en un nivel de escalabilidad" mayor.
"Es un proceso que parte con el mirar alrededor: identificar oportunidades, herramientas, buenas prácticas, experiencias, traerlas a la universidad, pilotearlas en grupos controlados... y luego desplegarlas en un nivel de escalabilidad que nos permita ir ampliando ese uso en otros profesores."
Lo que se lleva cualquier institución de este caso
El caso de la UC Chile muestra que el aprendizaje activo no depende de una sola herramienta, sino de un ecosistema: un LMS central como Canvas, datos de sesión que retroalimentan la enseñanza semana a semana, y una interactividad que —bien usada— logra algo tan simple como valioso: que los estudiantes decidan venir a clase.
¿Su institución ya tiene el LMS y la voluntad de innovar? Falta la pieza que conecta todo en el aula.
Pruebe Wooclap hoy y transforme sus formaciones: https://www.wooclap.com/es/
Un resumen de nuestras novedades y los últimos contenidos publicados una vez al mes en su buzón.


